Comercio exterior : La relación con China

La relacion con China El ABC 22.07.15

El fuerte derrumbe bursátil, la desaceleración de la economía del gigante asiático y el cambio de su política comercial priorizando el mercado interno encendieron la luz de alarma; sin embargo, el nuevo escenario podría beneficiar a la Argentina

Nada mejor para explicar la actual relación de la Argentina con China que la regla matemática que postula que si se multiplican dos números negativos, el resultado es positivo. Vale aclarar que en este hipotético ejercicio “los términos negativos” serían aportados por el gigante asiático (el freno de su economía, por un lado, y el derrumbe bursátil que en las últimas semanas provocó un verdadero temblor, por el otro), y que el potencial beneficio sería para nuestro país.

“Los problemas de la Bolsa son importantes en China porque hace tiempo que no ocurría nada parecido, pero los 1300 millones de habitantes quieren seguir comiendo tres veces por día”, advierte Ernesto Fernández Taboada, gerente de la Cámara Argentino China de Comercio.

Según China Files, la Bolsa de Shanghai creció 150% desde mediados de 2014 y en cuestión de días, las acciones perdieron en total más de tres billones de dólares, cifra superior al valor del mercado accionario de Francia.

Marcelo Elizondo, director de la Consultora DNI, opina que la llamada “crisis bursátil” es, en realidad, una manifestación de otros problemas que tiene China que van desde la desaceleración de su economía a la necesidad de reenfocar su programa macroeconómico. “Se trata de una economía que durante años estuvo basada en la inversión y en las exportaciones y que ahora tiene sobreinversión, que apunta a generar más apoyo en el consumo, que tiene muchos bolsones de ineficiencia en productividad y que en la medida que se fue desacelerando trata de ir generando paliativos. Lo que está ocurriendo con la corrección de las cotizaciones bursátiles es una adaptación después de un período de aliento del gobierno chino y del Banco Central chino a las compras de activos financieros. Miraría más su desaceleración económica, la dificultad que tiene para volver a crecer a las tasas a de alrededor de 10 puntos de hace cinco años, y que seguramente hará que ahora sea más profesional en el manejo de su política económica. Pero le vendemos a China aquello que es más inflexible a la baja: insumos para la industria alimenticia. Estaría más preocupado si le vendiera mineral de hierro, como lo hace Brasil”, explica.

Elizondo dice estar convencido de que no era sustentable el modelo de crecimiento basado en inversión y exportaciones. “China ha tenido una tasa de inversión de alrededor de 40 puntos del PBI, y eso en algún momento tiene que ajustarse porque la economía requiere ciertos equilibrios. Me parece razonable que se apunte a una economía que privilegia otro tipo de fuerzas como el consumo interno, sobre todo cuando tenés 1400 millones de habitantes. No creo que estemos una crisis que pueda generar una conmoción pero sí que hay que acostumbrarse a una economía china que no será la locomotora que fue, que no crecerá a 10, 11 o 12 puntos sino a 5 o 6%”.

Jorge Castro advierte que si bien es cierto que la economía china se desaceleró (“en el primer trimestre de 2015 creció 7% aproximadamente, lo que arroja un 7,4% anual y en 2007 crecía al 14%”) hay datos fundamentales que se deben tomar en cuenta. Por caso, el hecho de que el ingreso per cápita de la población china tanto en los sectores rurales como en los urbanos está creciendo por encima del nivel de expansión del producto bruto nominal.

El experto en temas internacionales explica que eso significa que hay una mayor capacidad de consumo y que el hecho de que la economía china, a diferencia de lo que sucedió antes de la crisis financiera internacional de 2008, crezca ahora primordialmente a través del aumento del consumo doméstico y no ya por el aumento de las exportaciones y el crecimiento de la tasa de inversión, se traduce, en un crecimiento extraordinario del consumo de alimentos.

¿Es correcto pensar entonces que aunque su economía se desacelere esa reconversión podría ser beneficiosa para un país proveedor de alimentos como la Argentina? “¡Efectivamente!”, responde y agrega: “Hay que sumar el hecho de que la economía china que se desaceleró este año y el año pasado, ahora, al crecer sobre la base del consumo doméstico lo que hace es experimentar una extraordinaria transición dietaria, hay un vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas. Y los dos principales insumos para la alimentación del ganado -especialmente de la producción de carne de cerdo- están vinculados en forma directa con la Argentina: soja y harina de soja”.

Por ese motivo, Castro destaca que a pesar del freno económico del año pasado, las importaciones chinas de soja de alcanzaron 74 millones de toneladas. “La previsión del Departamento de Agricultura de Estados Unidos es que en los próximos 10 años esa demanda crecerá más de 30%, y los grandes productores de soja son tres países: EE.UU., Brasil y la Argentina.” Luego, señala lo que considera el dato más importante para advertir el significado de China en la economía mundial: “Según el Banco Mundial, 600 millones de chinos abandonaron la pobreza extrema y se incorporaron a la denominada nueva clase media. China es el más grande reductor la pobreza del mundo”.

El embajador Miguel Velloso, cónsul general y director del Centro de promoción comercial de la Argentina en Shanghai entre 2000 y 2008 se refirió al proceso de cambio prioridades que se está dando en la economía china.

“Antes todo estaba basado en las inversiones, cosa que le permitió al país recibir alrededor de 600.000 empresas extranjeras que siguen siendo las responsables del 50 % de las exportaciones. China es una síntesis del capitalismo internacional en sus exportaciones, incluso ahora se está dando un cambio en la búsqueda de calidad y el desarrollo sostenido, cuando la estructura productiva anterior estaba basada fundamentalmente en mano de obra y recursos muy baratos. Todo esto forma parte de política de reformas que fue anunciada a fines de 2013 por el partido, que es el órgano central. Vieron que había un límite al crecimiento y que era necesario cambiar y hoy se están dirigiendo hacia el consumo interno, especialmente a esa fantástica clase media que ha dado lugar a cosas increíbles como que China se convierta en el segundo país de millonarios en del mundo (con más de 1,5 millones de habitantes en esa categoría).

¿Es sustentable el crecimiento y desarrollo de un país basado en el consumo interno? ¿Es que en China funciona distinto por el tamaño de su propio mercado? Velloso responde que uno de los fenómenos más notables que se dieron en los últimos años fue la migración rural a las ciudades.

“Eso va claramente en detrimento de la seguridad alimentaria de un país que siempre vivió de la agricultura. Hoy casi el 43% de la población sigue siendo rural pero se estima que hacia 2020 la mayoría será urbana. En materia de importaciones el único segmento que tienen deficiente es el alimentario y nosotros figuramos entre los 20 proveedores principales. Por lo tanto, claramente somos beneficiarios. China sigue siendo una oportunidad espectacular para la Argentina. El segmento que más han desarrollado ellos es el de la educación. Eso se ve reflejado en todos los índices de innovación. Los servicios hoy representan el 48 % de la economía china. Ya no es más la fábrica de mano de obra barata, son creadores de tecnología . Lo que pasó en la bolsa de Shanghai es un poco el resultado de esta nueva clase media rica que reúne a cerca de 400 millones de personas. Hay pequeños inversores que no tienen el menor conocimiento financiero”, dijo.

Con una China más volcada al mercado interno, ¿cuál es el panorama para la relación bilateral a mediano plazo? ¿Qué puede ocurrir con sus inversiones en la región? Velloso opina que la en la última reunión que China mantuvo con la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), en enero, en Pekín, dejó en claro que su apoyo en materia de comercio e inversiones con la región seguirá inalterable.

“Allí presentaron un plan poco leído en la Argentina pero que es vital para entender lo que están haciendo con la región. Es similar al denominado Libro Blanco de 2008. Fueron con una billetera gigantesca y anunciaron inversiones que rondan los US$ 50.000 millones. No es una relación sólo de expansión económica sino de necesidad. Al cambiar el eje de su política y haber renunciado a su seguridad alimentaria dependen de la producción de alimentos, materias primas y energía de nuestra región. Claramente no podemos perder esta oportunidad”, dice Velloso.

Coincide Elizondo: “Los chinos trabajan con una visión estratégica de mediano y largo plazo. Saben que tienen tres necesidades básicas: el abastecimiento de minerales, energía y alimentos. En eso seguirán invirtiendo y lo han manifestado incluso diseñando instrumentos nuevos como el Banco multinacional que crearon y para el que consiguieron la adhesión de potencias occidentales como el Reino Unido”.

Mientras prepara el quinto viaje de Práctica profesional a China, Emma Fontanet, de la Fundación ICBC, asegura que las chances en el mercado chino son muchas y siguen muy vigentes. “Hay muchas oportunidades y no sólo en el rubro de alimentos, que suele ser en el que se pone más el foco, sino en sectores como minería, gas y petróleo, entre otros”.

Fontanet confía en que el crecimiento del mercado interno chino refuerza las oportunidades para diferentes sectores locales que a pesar de su enorme potencial siguen teniendo un comercio muy reducido (como alimentos y bebidas). Sin embargo, advierte que las proyecciones teóricas chocan con la realidad. “Se habla mucho del potencial que tenemos por caso en alimentos, que la Argentina podría vender tantos millones a millones de chinos, pero cuando se está en el terreno de la realidad se ve que la cosa no es tan sencilla y que es fundamental tener en cuenta varios aspectos que van desde las diferencias culturales a cuestiones burocráticas. Por ejemplo, es cierto que es un mercado de volumen, pero es algo que se puede sortear si se busca a la contraparte indicada o se hacen joint-ventures con empresas chinas para la comercialización.”

La historia parece empecinada con la Argentina: lo que representa una caída para China puede ser una nueva oportunidad para el país. El tiempo y las políticas dirán si pusimos -y supimos- aprovecharlas.

Por Florencia Carbone  | LA NACION

 

http://www.lanacion.com.ar/1812040-una-nueva-oportunidad

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