Le ganamos al populismo

 

Una batalla desigual que nadie pensaba ganar finalmente se ganó. ¿Cómo se explica este triunfo? ¿Cuáles son los desafíos del nuevo presidente argentino? ¿Cómo hacer para que este logro se consolide? Algunas de las preguntas que intentaremos responder hoy.

 

A muchos argentinos, me incluyo en el grupo, la noche del domingo nos emocionó. Nos movilizó como nunca antes lo había hecho un acontecimiento político en nuestro país. Es más, por lo menos en mi caso, esta es la tercera vez que un suceso político me marca tanto.

El primero fue cuando ganó Menem en el año 1989. Yo era chico, tenía solo 13 años, pero recuerdo a mi padre agarrándose la cabeza frente a la televisión viendo cómo el caudillo riojano -en esa época aún populista y socialista- prometía convertir a la Argentina en un paraíso de esto que defendía. Recuerdo la rabia de mi padre y un comentario al pasar sobre que tal vez nos teníamos que ir a vivir a Brasil….

En el año 2001 ya era más grande. Tenía 25 años y me tocó vivir la crisis que produjo la salida de la convertibilidad en primera fila. Trabajaba en el sector de inversiones personales del Citibank. Mi trabajo en esa época era simple: debía explicar a mis clientes cómo su dinero había desaparecido.

No fue fácil, y hubo reacciones de todo tipo. Desde el enojo más extremo, solo detenido por la policía, hasta el dolor más desgarrador, aquel que tiene el poder de dejarte sin saber qué hacer o decir.

Nadie es el mismo luego de pasar por ese proceso, por más que se trataba de un trabajo y que me pagaban por ello. Experimentar, en ese nivel de profundidad, cómo acontecimientos económicos destruyen proyectos y sueños personales enteros es un antes y un después en la vida de una persona.

El tercer acontecimiento que unió en mí lo emocional con lo económico -o político- lo viví en la noche del pasado domingo. Y me refiero a ese día como el final de un proceso que terminó en ese momento pero que comenzó varios años antes. Tal vez, le diría cinco años antes, cuando Cristina estaba haciendo campaña política para ganar su segunda presidencia y los primeros síntomas autoritarios y populistas se empezaron a marcar fuertemente.

Es que la degradación que experimentó la Argentina durante estos cinco años fue inimaginable. Y, por supuesto, muy dolorosa. Y cuidado que no solo hablo de degradación económica, sino también de la degradación política, institucional y personal.

El populismo se apoderó de cada centímetro de nuestro país. La lucha sin sentido, la envidia, el resentimiento, la mentira, la mediocridad y el miedo se colaron en cada una de nuestras conversaciones, en cada una de nuestras actividades.

El populismo pasó de ser un proceso económico y político a transformarse en un fenómeno social que no solo generó el efecto de una aplanadora sobre la vida pública, sino también sobre la vida privada de cada uno de nosotros. Familias enteras, grupos de amigos, organizaciones de todo tipo quedaron infectados con este discurso populista emocional que invadió a la Argentina y que generó -y aún genera- divisiones e interminables peleas.

Por ello, teniendo en cuenta este contexto, es que la elección del domingo pasado se convierte en un acontecimiento con fuertes condimentos emocionales para muchos argentinos. Toda la tristeza acumulada y reprimida de ver cómo un país puede caer tan bajo parece encontrar, finalmente y en forma inesperada, una solución de fondo.

Mauricio Macri es el nuevo presidente de la Argentina y, más allá de que nos guste o no su línea de pensamiento, es un presidente que se parece mucho más a cómo somos cada uno de nosotros.

Tanto él como nosotros somos simples personas, personas que no nos creemos enviados de Dios para luchar contra nadie. Que no somos los dueños de la verdad, que conversamos, que dudamos, que pedimos consejos. Que preguntamos y respondemos preguntas. Que buscamos nuestro camino. Que nos equivocamos, pero que inmediatamente buscamos corregirlo. Que nos interesa no solo llevarnos bien con los que nos rodean sino también aprender de ellos.

Personas. Simples personas con sus aspectos buenos y malos. Y el nuevo Presidente dio esa misma sensación en la primera conferencia de prensa que ofreció ayer lunes.

El solo hecho de tener un Presidente con estas características implica un desahogo indescriptible. Salimos de la película de terror que fue el kirchnerismo y entramos a una nueva película, que seguro no será una historia de amor, pero que por lo menos será algo más racional.

Por ello, hoy, más allá de compartir con usted, estimado lector de Inversor Global, la emoción del cambio, ese cambio que estamos buscando juntos desde hace por lo menos cinco años, quería compartir los que considero los tres mayores desafíos del nuevo Presidente Mauricio Macri, y por último, las dos lecciones que nos dejó el kirchnerismo.

Los tres desafíos de Macri

1 – Volver al intercambio de ideas de una forma madura y racional

Los argentinos estamos infectados por una falsa lucha ideológica que promovió el kirchnerismo desde su llegada al poder, y durante los últimos 5 años con mayor profundidad. Todos los asuntos del país están bajo la lógica de que es uno contra otro, defensores del dinero contra defensores de los pobres, justicieros, malvados, héroes y luchadores épicos.

Pero ni el mundo ni las vidas de las personas funcionan de esa manera. El primer gran desafío de Macri es lograr romper esa dinámica. Y eso no será nada fácil. Tal vez lo sea ahora, durante los primeros días posteriores a su nombramiento como Presidente, donde aún no se dieron las grandes luchas.

Pero sin duda será complicado luego del 10 de diciembre, cuando asuma su nuevo gobierno.

Cuando llegue el momento de tomar medidas para salir del estado de parálisis en el que se encuentra el país. Cuando llegue el momento de tomar medidas que afecten intereses particulares y sectoriales. Allí, en plena batalla por desarmar el populismo y volver a ser un país que privilegie la producción, llegará el momento de la verdad.

Por ello, el primer gran desafío de Macri es que cuando llegue ese momento las discusiones se puedan dar de una forma racional nuevamente. Necesitamos salir de la falsa épica kirchnerista y volver a relacionarnos como adultos maduros y pensantes.

2 – Insertar a la Argentina en el juego nuevamente

Yo puedo entender que a aquellos a los que les tocó vivir la década del 60 o 70 tuvieran dudas sobre cómo los países podían progresar. Pero no puedo entender cómo una persona que vive en el año 2015 tiene dudas sobre ese mismo punto.

Hoy está todo tan claro, hasta la China comunista implementa la única estrategia que existe en el mundo para que un país progrese, ya que detenerse en querer inventar una nueva receta para progresar, es absolutamente estúpido. Sólo la Argentina de Kirchner o la Venezuela de Chávez y Maduro lo hacen.

Por supuesto que hay matices, pero la receta general de crecimiento y prosperidad es una sola en el mundo actual. Por eso, el segundo gran desafío de Macri es volver a insertar a la Argentina dentro del juego.

Hoy, nuestro país no está jugando en la misma cancha que juegan las naciones que progresan y crecen. Hoy, la Argentina está jugando en la cancha de países como Myanmar, Irán, Nigeria o Venezuela.

Necesitamos volver a la cancha que eligen países como Chile, Brasil, Estados Unidos, Australia, Singapur o España. Y para hacer eso, Macri necesita armar un equipo profesional que pueda volver a incorporar todas las condiciones necesarias para jugar en la primera liga.

Entre muchos otros temas, Macri y su equipo deberán solucionar el default de la deuda Argentina, eliminar el corralito cambiario, bajar impuestos, equilibrar el presupuesto del Estado, bajar la inflación, reducir las restricciones y regulaciones a la actividad productiva.

En definitiva, se trata de liberar el corsé que hoy tienen el sector productivo de la Argentina para volver a funcionar de una forma creativa, innovadora y transformadora.

Nuestros empresarios, nuestros profesionales y nuestros comerciantes tienen que volver a ser nuevamente los protagonistas. Y para poder hacer esto, necesitan libertad y previsibilidad. Este será el segundo gran desafío de Macri.

3- Blindar a la Argentina de la posibilidad de un nuevo populismo

El tercer desafío es, en mi opinión, el más importante a largo plazo. Porque supongamos que el gobierno de Macri no solo puede resolver los primeros dos desafíos con éxito, sino que además logra hacerlo de la forma menos dolorosa posible para la mayoría de la población. Y que además, lo hace sin los excesos típicos de los líderes políticos que acumulan poder.

La gran pregunta es qué pasará luego de Macri: ¿si la Argentina sigue teniendo las mismas reglas que tiene ahora, si el funcionamiento institucional es el mismo, no corremos el riesgo de caer en las manos de otro populista autoritario en el futuro?

Por ello, es necesario cambiar el funcionamiento institucional de la Argentina para que nunca más, ningún gobierno por más apoyo popular que tenga, pueda caer en los excesos que el kirchnerismo cayó durante los últimos años.

Por eso, el gran desafío de Macri no solo es llevar a cabo una buena administración y desactivar la bomba de tiempo que le dejan, sino también crear las condiciones para que nunca más un gobierno populista pueda hacer lo que quiera con el país. Solo si logramos eso nuestro país podrá encontrar una senda de desarrollo sustentable en el tiempo, independientemente de las personas que nos gobiernen.

Pero además de los desafíos del nuevo presidente, déjeme cerrar esta nota con las dos grandes lecciones que creo que nos deja el gobierno que se va.

Las dos lecciones del kirchnerismo

1 – Todos debemos involucrarnos

Los gobiernos populistas y autoritarios avanzan no solo porque quieren, sino también porque nadie los detiene. Los grandes culpables de que el kirchnerismo haya llegado tan lejos somos también todos los argentinos que no estamos en política y que formamos parte de la fuerza productiva del país.

Lentamente, el kirchnerismo fue cortando libertades y regulando cada vez más la economía, sin que casi nadie se oponga de una forma clara y contundente. Los grandes empresarios argentinos están a la cabeza de este grupo. Durante la mayor parte del gobierno de los Kirchner solo se dedicaron a tratar de conseguir beneficios y prebendas. Pero nunca se detuvieron a defender la libertad y la libre competencia.

Pero los empresarios no son los únicos culpables. Las asociaciones civiles tampoco levantaron la mano cuando lo tuvieron que hacer. A veces “sobornadas” por beneficios económicos, otras veces por miedo o indiferencia, también callaron.

Por ello, la gran moraleja que nos deja esta historia es que todos, sin excepción, debemos involucrarnos. Y no necesariamente en política, no todos tenemos que tener la vocación de actuar en política, pero sí es fundamental que no dudemos cuando se trate de defender nuestros derechos, nuestras ideas y nuestras libertades. Desde el lugar que nos toca debemos tener una participación más activa en la sociedad.

Nuestra vida y la de nuestra familia es muy importante como para dejarla en manos de los políticos profesionales. A partir de ahora, no debemos dudar en participar desde el lugar que nos toca. Nunca más el miedo o la indiferencia nos deben dejar callados.

De nosotros depende el equilibrio de poder que toda sociedad necesita para progresar. Y la década kirchnerista es un fiel reflejo de lo que puede pasar si la mayoría de la población decide callar y solo ver los acontecimientos por televisión.

2- Librar las batallas, aún las perdidas

La segunda enseñanza, relacionada al punto anterior, nos muestra cuán importante es luchar todas las batallas, todas, aún las que se consideran pérdidas al inicio. Para ilustrar ese punto le menciono solo dos ejemplos.

El primero es la elección presidencial del año 2011 donde Cristina ganó en primera vuelta por el 54% de los votos y con mayoría parlamentaria en ambas cámaras. Esa victoria cimentó varios de los excesos que luego su gobierno cometió. En esa elección, la oposición, Macri incluido, decidió casi ni participar.

Llegaron a la elección en forma fragmentada y gracias a ello Cristina logró una victoria aplastante.

¿Qué hubiera pasado si la oposición se hubiera unido o logrado armar una oferta competitiva? Tal vez Cristina hubiese ganado, pero no de una forma tan contundente, equilibrando las fuerzas en el congreso y haciendo mucho más difíciles los excesos que luego se cometieron.

Del otro lado, le pongo el ejemplo la elección del último domingo. ¿Qué hubiese pasado si Scioli luego de la primera vuelta se bajaba? Scioli no sólo no se bajó sino que luchó hasta el último momento y el resultado es que perdió por sólo tres puntos, obligando al ganador, Macri, a conformar un gobierno mucho más basado en el consenso que si hubiese ganado gracias a que Scioli se bajaba de la competencia.

La moraleja de esta historia es clara: el equilibrio institucional requiere que todos luchen todas las batallas, incluso aquéllas perdidas. De esto depende el equilibrio de un país. Esta es la otra gran defensa que tienen los países para librarse de los gobiernos autoritarios y populistas.

La Argentina tiene un nuevo presidente que dio un primer paso para vencer al populismo: les ganó una elección y los expulsó del gobierno. Pero esto no asegura que el país pueda aprovechar esta gran oportunidad. Esta vez, la diferencia entre poder aprovecharla o dejarla pasar ya no depende de un solo presidente o de un solo partido político.

Esta vez depende de todos y cada uno de nosotros.

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina​

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