La democracia en Argentina herida por asesinato misterioso

Nisman el abc 06.02.15

La mayoría de los argentinos no creen que esta conspiración se resolverá

La verdad puede ser más extraña que la ficción. Desde que Alberto Nisman fue encontrado muerto en su apartamento de Buenos Aires, se ha demostrado la sabiduría del proverbio. La verdad de esta historia puede ser muy difícil de develar.
Hace tres semanas, Nisman se estaba preparando para el momento decisivo de su carrera. El 19 de enero, el fiscal de 51 años de edad, estaba preparado para acusar a la presidente de encubrir la presunta participación de Irán en el peor ataque terrorista de Argentina: un atentado de 1994 que mató a 85 personas. Unas horas antes de la audiencia frente al Congreso, la madre de Nisman encontró a su hijo tendido en un charco de sangre.

En un primer momento, la señora Fernández sugirió que la muerte de Nisman fue un suicidio. Luego, en un mensaje de Facebook laberintico, sugirió que era un asesinato, a manos de espías renegados que quieren desacreditarla.
“En la Argentina… todos los días se tiene que explicar lo obvio y lo sencillo “, escribió con cansancio, y agregó:” en Argentina, como en todas partes, no todo es lo que parece”. Pocos líderes pueden igualar tal sarcasmo.
Las teorías conspirativas forman parte del relato. Los funcionarios culpan a los “intereses oscuros”. Sin embargo, la mayoría de las teorías de la conspiración son alimentadas por el propio Estado.
El domingo, Clarín, un periódico que se ha enfrentado en varias ocasiones con la presidente, informó que Nisman también había redactado una orden para su arresto. El gobierno desmintió el informe y, frente a la televisión, el jefe de Gabinete desgarro el periódico. Al día siguiente, se supo que el artículo era cierto: un proyecto de la orden se encontró en la basura de Nisman.

 

Los argentinos siguen sospechando de sus servicios de inteligencia, que casi no cambiaron desde el fin de la dictadura militar en 1983. De modo que la idea de Fernández que los espías renegados planearon la muerte de Nisman no es del todo inverosímil.

 

Sin embargo, eso no significa que la señora Fernández sea una reformista creíble de los servicios de espionaje de la Argentina, como propuso, el 26 de enero, en una emisión de televisión de una hora.
Después de todo, los argentinos tienen una larga experiencia respecto de las mentiras del gobierno – sobre casi todo, pero especialmente sobre la corrupción y la inflación. El gobierno, actuando como si fuera más santo que la Madre Teresa, siempre ha rebatido y negado dichas acusaciones.
La mayoría de los argentinos no cree que esta conspiración sea resuelta, por la complicidad de muchos sectores involucrados.

 

Pero ahora, atrapada por sus propios errores, ya no puede disfrazar la realidad con palabras. Nadie sugiere Fernández orquestó la muerte de Nisman. Pero las acciones de su gobierno sugieren que hay miedo y tal vez están ocultando algo.

 

El comportamiento de Fernández no ha ayudado. Se ha resistido a ofrecer sus condolencias a la familia de Nisman. El miércoles, en un viaje a China, también se burló de acentos sus anfitriones mediante el canje de l en vez de r, remarcando que el humor era la mejor reacción a los insultos.
Ahora el centro de atención está en el poder judicial de Argentina. Es lento, ineficiente, quizá corrupto, pero todavía goza de silos de competencia y experiencia jurídica. De hecho, su independencia es una de las razones por que la Argentina no es tan sumisa como Venezuela, a pesar de los mejores esfuerzos de la señora Fernández para su control (ella es abogada).

 

Hace dos años, por ejemplo, la señora Fernández propuso una reforma judicial por el cual los jueces argentinos serian seleccionados por el voto popular. Se supone que esto tenía como destino “democratizar” el sistema legal.

 

En realidad, lo habría puesto como esclavos de los políticos en el poder. Al final, los tribunales no aprobaron la iniciativa, como también no aprobaron el acuerdo patrocinado por el gobierno con Teherán sobre el ataque terrorista de 1994.

No tenemos que ser muy perspicaces para descubrir las razones por las cuales la señora Fernández quiere doblegar el poder judicial a su favor. Su riqueza personal ha crecido exponencialmente desde que ella y su difunto marido llegaron al poder en 2003. Pero su presidencia termina este año, y no puede buscar la reelección y, despojada de sus fueros, podría quedar legalmente expuesta. Las acciones de Fernández causan muchas sospechas.
Una solución podría ser que un equipo creíble de expertos independientes investigue la muerte de Nisman y el atentado de 1994. México trajo a expertos forenses argentinos para investigar la muerte de 43 estudiantes este año. Del mismo modo, una comisión respaldada por la ONU investiga la misteriosa muerte de un juez guatemalteco en 2009. Buenos Aires no parece predispuesta a una opción similar.

 

El resultado es una conspiración de asesinato que nadie cree que se podrá resolver adecuadamente debido a la complicidad de tantos sectores: el Estado, la presidencia, el poder judicial, el Congreso y los servicios de inteligencia. La historia es un ejemplo de la idea que podemos tener de Argentina, 32 años después de la desaparición de la junta militar, en el mejor de los casos tiene una democracia imperfecta y en el peor un Estado corrupto.

 

John Paul Rathbone

johnpaul.rathbone@ft.com

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